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Después de superar los graves problemas técnicos y de gestión que han estado a punto de acabar con el programa Galileo en los dos últimos años, el sistema europeo de navegación por satélite va a tener una segunda oportunidad. El proyecto, una alternativa al GPS norteamericano, se pone en marcha de nuevo con el lanzamiento de su segundo satélite experimental, Giove-B, que despegará hacia la órbita media de la Tierra el 28 de abril, si todo va según lo previsto.

La Agencia Espacial Europea (ESA en sus siglas en inglés) y la Comisión Europea dieron a conocer ayer en Noordwijk (Holanda) la fecha de la resurrección de Galileo. Giove-B debería llevar más de un año y medio operativo, casi tanto como su hermano menor, el Giove-A, que prueba la tecnología ideada para el programa desde su lanzamiento el 28 de diciembre del 2005. Las dificultades que ha atravesado Galileo han hecho que todo el despliegue se retrase, aunque tanto la CE como la ESA siguen apostando con fuerza por el programa, tal y como explicaron los representantes reunidos en Noordwijk. Se trata de la apuesta tecnológica más ambiciosa de Europa y de ella depende la independencia en el control de la navegación por satélite - en la actualidad en manos de Estados Unidos-. En la mente de los responsables del programa también están la creación de 140.000 empleos y cientos de miles de millones de euros de beneficio generados a partir de su construcción y explotación.
El plan inicial era lanzar los cuatro primeros satélites comerciales del sistema a finales del 2008 y para el 2010 tener la flota de 30 en funcionamiento. Pero la diferencia de intereses de estados e industrias respecto al proyecto, unidos a problemas técnicos con Giove-B, han retrasado el despliegue de la flota de satélites.
Cuando Giove-B estaba preparado para lanzarse y se desarrollaban las últimas pruebas en el 2006, se detectó un fallo en el calculador del satélite. El calculador es una especie de ordenador que elabora los cálculos de posición. El motivo del fallo era grave y se tuvo que desmontar y diseñarlo de nuevo. Además hubo problemas con el cohete Soyuz que debía situar el satélite en órbita. Para no correr ningún riesgo y no poner en peligro a Giove-B, cuya fabricación ha costado 90 millones de euros, se prefirió esperar a resolverlos.
"Ha habido dificultades, las hemos resuelto y hemos aprovechado esta demora para introducir mejoras técnicas en el satélite", explica el español Javier Benedicto, director del programa Galileo en la ESA. En el 2007 se acordaron con EE.UU. innovaciones en la transmisión y la calidad de las señales, algo que ya incluye el Giove-B. Otra mejora: un reloj atómico de última generación, que será el más preciso que habrá en el espacio, lo que permitirá determinar la posición de un usuario con mayor precisión. En resumen, Giove-B es ahora mucho más parecido a lo que será el modelo final de satélite Galileo.
Giuseppe Viriglio, director de los programas de navegación y telecomunicaciones de la ESA, se mostraba ayer seguro de la competitividad de Galileo respecto al GPS y señalaba como principal ventaja el carácter civil del programa. El GPS funciona desde hace 20 años y la calidad de sus prestaciones son más limitadas que las del futuro Galileo. "Además, el GPS no garantiza un servicio permanente a los usuarios", según Viriglio. Con una mayor precisión e integridad, hará que se desarrollen nuevas aplicaciones, como el guiado de personas invidentes, la navegación automática de vehículos –ya hay empresas que trabajan en ello– y la posibilidad de que la señal llegue al interior de los edificios, lo que podría utilizarse para monitorizar la posición de las personas. "Los usuarios serán los grandes beneficiarios del sistema Galileo, tendrán nuevos servicios a su disposición y los receptores funcionarán tanto con Galileo como con GPS", remarcaba Benedicto.
Para que todo esto sea una realidad la flota de 30 satélites debe completarse. Completarla más tarde del 2017 sería peligroso, ya que es la fecha que ha fijado Estados Unidos para tener operativa la segunda generación de satélites GPS y estos sí representarían una fuerte competencia para Galileo. Con todo, si mantienen los plazos y el sistema se despliega antes del 2017, "el éxito está asegurado", decían ayer los responsables del programa europeo.
En la CE y la ESA se trabaja contra reloj para poner las bases legales de la nueva gestión Galileo. En la primera fase del programa se creó un consorcio privado para desarrollar el despliegue y explotar el sistema. Era Galileo Industries, que se disolvió el pasado diciembre por "no cumplir con las expectativas", dicen los responsables del programa de forma oficial. Extraoficialmente se reconoce un "auténtico desastre organizativo". El consorcio debía construir cuatro satélites que tenían que estar listos para finales de este año, pero no cumplió. Al disolverse este consorcio privado, toda la responsabilidad ha sido asumida por la CE y la ESA. De los 3.400 millones de euros que costará poner en marcha los 30 satélites, el sector público debía hacerse cargo de un tercio, y el resto correspondía a Galileo Industries. Ahora será la CE quien ponga todo el dinero y quien asuma la gestión política y programática. La ESA se encargará de implementar el programa y de negociar los contratos de fabricación con las industrias. "La estructura actual está mejor definida, sabemos exactamente lo que queremos y qué tenemos que hacer", afirma Benedicto. Otra de las tareas que quedan es buscar una compañía que explote el sistema durante 20 años a partir del 2013 (Hispasat es una de las candidatas).

Para garantizar la rentabilidad del sistema de navegación por satélite europeo, la CE está contactando con varias compañías interesadas en participar en el proyecto, explicó Paul Verhoef, jefe de la unidad Galileo en la CE. La búsqueda de clientes se acelera y nuevos retrasos en la implantación de los satélites podrían poner en serios apuros la viabilidad del programa. Aparte de la mejora del GPS en el 2017, Rusia trabaja en su propio sistema de navegación, Glonass, que ya tiene operativos 18 satélites. China ha lanzado un satélite experimental sin negociar las frecuencias y Japón también se muestra interesado en tener su flota. Ningún estado quiere depender de otro en cuanto a la navegación por satélite. Un sector estratégico desde el punto de vista económico, político y militar.


UN ESPAÑOL DIRIGE EL PROYECTOEl ingeniero de telecomunicaciones Javier Benedicto Ruiz (Barcelona, 1957) es director del programa de navegación por satélite Galileo en la Agencia Espacial Europea (ESA) desde el año 2000. Conoce, pues, mejor que nadie todos los entresijos del proyecto, sus altibajos, y la importancia estratégica que tiene para Europa. "La dificultad de desarrollo de este programa es en realidad lo que lo hace interesante", uniendo los puntos de vista e intereses de los distintos países que participan en él, explica.
Su trabajo en la ESA comenzó en 1985, tras un doctorado en EE. UU., dentro del Centro de Investigación y Tecnología que la agencia tiene en Noordwijk (Holanda). Allí aprendió a gestionar diferentes sensibilidades y a equilibrar política e investigación. "Siempre hay que estar pendiente de los intereses de los países miembros, todos quieren que sus industrias estén implicadas en los proyectos, y en parte hay que responder a esta demanda sin poner en peligro la calidad de la misión", continúa. Una tarea nada sencilla. Además de dirigir un equipo internacional de cien personas, este ingeniero busca compañías punteras por toda Europa que sean capaces de dar forma a los proyectos que gestiona.

Pese a haber pasado dos años de problemas con el programa, encara el futuro con optimismo y seguro de las posibilidades del sistema de navegación europeo. Para él, este periodo ya está superado y se centra en la nueva etapa de trabajo que tiene por delante. "Trabajar para un solo gobierno sería más sencillo, es lo que ocurre en Estados Unidos, pero el hecho de unir a 27 estados bajo un proyecto es algo increíble, compensa todo lo demás", afirma.

No se arrepiente de haber dejado la empresa privada - se confiesa un apasionado de la idea europea- y reivindica el nivel de la investigación de la UE: "No tenemos nada que envidiar a Estados Unidos, China u otros países desde el punto de vista técnico". En cambio sí dice "envidiar" el gasto público norteamericano en investigación. "Ellos invierten mucho en investigación militar, en Europa se debería invertir en civil".


GPS FRENTE A GALILEO USO CIVIL O MILITAR GPS. Se ha desarrollado como un sistema militar de navegación por satélites. El GPS es propiedad del Ministerio de Defensa de Estados Unidos y el ejército sigue siendo su principal usuario, Las aplicaciones civiles han sido secundarias. Si EE. UU. necesita las señales para otros propósitos dejaría de dar cobertura a quienes utilizan GPS para orientarse en carretera, a la navegación marítima o a la aérea. Galileo. El principal objetivo del sistema europeo es su uso civil. El servicio dará prioridad a los ciudadanos, administraciones públicas, consorcios y empresas. Su aplicación en los ejércitos tendrá que ser decidida por la UE.

NÚMERO DE SEÑALES GPS. Cuenta con una sola señal para uso civil, lo cual podría poner en riesgo la integridad del servicio. Galileo. Tendrá 10 señales, todas ellas para uso civil. Seis de ellas serán de acceso libre y para ofrecer servicios de seguridad de las personas, investigación y rescate. Otras dos se explotarán comercialmente y el resto irá destinado a servicios públicos - como los bomberos o la policía- y serán de acceso restringido.

PRECISIÓN GPS. En la actualidad tiene un margen de error de 10 metros y no garantiza que la señal esté siempre disponible. Galileo. El margen de error será de un metro para las aplicaciones gratuitas y de un centímetro para las comerciales. Incorpora relojes atómicos de última generación que permiten su precisión.

COMPATIBILIDAD
Galileo se ha diseñado para ser compatible con el GPS. De este modo, los usuarios de receptores de GPS podrán captar también la señal de los satélites europeos.